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Con la llegada del año nuevo, después del colorido y la agitación de navidad, todo mundo se despide de los festejos navideños; y volvemos a la rutina a encarar la preocupación de la difícil cuesta de enero. No así los mexicanos, a quienes aun les queda el día de reyes de su largo maratón festivo “Guadalupe-Reyes”. Con este festejo, que en realidad es el penúltimo, culminan su mandato litúrgico navideño, o mejor dicho, fiestero. Como es de esperarse, no pierden la oportunidad de reunirse en familia o convivir con los compañeros de trabajo. El seis de enero, día de Reyes, es la celebración católica litúrgica de la visita de los tres reyes magos (Melchor, Gaspar y Baltazar) al niño Jesús. Aunque los teologos de las quince mil religiones cristianas aún discuten sobre la verdadera ocupación de estos tres visitantes (unos dicen que eran sabios, otros que eran astrólogos, otros que reyes y los más drásticos que simples asesinos acaudalados), todos coinciden en que fueron guiados por una estrella para llegar hasta el niño Jesús y al verlo, se postraron ante él para redirle honores y obsequiarle oro, olíbano y mirra. En remembranza de ello, el día de reyes, los padres mexicanos obsequian juguetes a sus hijos. Casi ningún chiquillo, ni los más pobres se quedan sin estrenar su juguete. Los menos afortunados, son sorprendidos con la visita de los reyes que son patrocinados por personas de buena voluntad. En toda la republica mexicana, aun en los rincones más humildes, las autoridades municipales y las cadenas de radio y televisión organizan festivales del día de reyes donde se reparten a todos los infantes juguetes. En la población oaxaqueña de Zaachila, el mayordomo que hizo la fiesta del niño Jesús en su casa, invita a tres jóvenes quienes disfrazados de reyes magos, montados en caballos y acompañados de música de viento van por las calles principales del pueblo obsequiando a los felices chiquillos dulces y juguetes. La noche anterior al seis, las calles de las ciudades y pueblos mexicanos son toda una verbena donde se expenden juguetes de todo tipo, desde los artesanales hasta la fayuca china chafa, que por cierto estan desplazando a los primeros. Los padres compran en la noche los juguetes, mientras sus hijos duermen, para que al despertar el día siguiente, tengan la agradable sorpresa de encontrar un juguete en su almohada que le trajeron los reyes, claro, si se portaron bien durante el año. Y no hay necesidad de enviarles carta, aunque los malinchistas copian la costumbre de “enviarle carta a santa”, solo que a los reyes se les envia con globos de gas. Después, en el desayuno o la merienda, según las actividades familiares, se reunen a partir la “rosca de reyes”. Este es un pan en forma redonda u ovalada, dependiendo del tamaño, adornada con pasta azucarada y fruta seca. Algunos reposteros se lucen agregando cuanto pueden para hacerla más deliciosa. Se acompannan con leche o chocolate calientito. Esto no es todo, en la rosca vienen ocultos pequeños muñecos de plástico (antes eran de porcelana) que deben ser tres (ahora el panadero le ponen todos los que le da la gana) como los reyes magos, y hay del que los encuentre en su rebanada, pues será nombrado “padrino” o “madrina” del 2 de febrero, “día de la Candelaria”, de lo que hablaremos despues. Lléndonos al lado histórico, la tradición de la rosca fue adquirida por la iglesia católica de los romanos. Tomó fuerza durante la edad media, llegando a México en el virreinato. Como todo lo católico, se impuso en rel país azteca como parte del sincretismo entre los españoles y los nativos. Anteriormente, en algunas poblaciones se acostumbraba esconder en la rosca un anillo y un dedal. El que encontrara el anillo, significaba que tendría boda, y el del dedal, soltería por lo menos de un año. La tradición de los reyes es muy emocionante cuando eres niño. Yo recuerdo cuando teniendo cuatro años, mi hermano mayor me dijo que el asunto de los reyes era pura mentira. Así que el día anterior al día de reyes, iniciamos, todos mis hermanos, una cazería exhautiva de juguetes en toda la casa, sin obtener resultados. No sabiamos que los juguetes los compraban en la noche, así que dude del dicho de mi hermano y preferí creer que los reyes sí venían. Los niños mexicanos humildes, no tienen el 24 de diciembre la visita de ese güero gordo y barbón, que trae muchas veces regalos caros y obstentosos; sabrá Dios de donde salió. Ellos encambio son visitados por los reyes magos que por muy sencillo que sea el juguete no dejan a ningun niño sin uno.
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