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Érase una vez una niña rica de padre armenio que, al entrar a la época de la pubertad, comenzó a notar que despertaba la mujer que en ella dormía. Esa mujer era delgada, pero con enormes curvas que provocaban la envidia de todas las mujeres de la comarca y despertaban el líbido de los hombres de todas las edades.
Esta niña , a la cual llamaremos Kim, lejos de sentirse admirada y deseada, se sentía sola y apenada por sus enormes senos, los cuales, le provocaban pesadillas en las cuales soñaba que las ubres la consumían y poco a poco terminaban con su inocencia y su felicidad.
De acuerdo al portal Daily Star UK Kim, lloraba todas las noches y le pedía al buen Yisus que le concediera el milagro de disminuir el tamaño de sus senos. Con lo que no contaba nuestra heroína es que Dios es grande... y hombre, por lo que obviamente, no hizo caso a sus súplicas y como broma pesada, decidió otorgarle también un gran trasero para hacer juego.
Kim se sentaba en la bañera y lloraba, se ponía toallitas calientes sobre sus pechos para tratar de reducirlos, levantaba la mirada y rogaba al cielo llorando de rabia : "Dios, por favor no dejes que crezcan más, me avergüenzan".
(Entérate: Kim Kardashian se prefiere sin maquillaje)
Así es, este caso de la vida real pertenece a la famosa estrella de reality shows Kim Kardashian, quién a través de su autobiografía, confiesa que durante su adolescencia tuvo severos traumas gracias al tamaño de su "pechonalidad" ( Bueno, ya ni hablar del de la retaguardia...).
Pero señores, esta historia tuvo un final feliz, sigan leyendo...
Un buen día su madre, (a la cual nombraremos Kris Jenner) le explicó que esos
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