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Nuestras culturas prehispánicas reflejaban la importancia de la naturaleza en el lugar que le daban a los seres con los que compartían su hábitat. Es la razón por la cual muchos animales forman parte de nuestra cultura pues nuestros ancestros les atribuían cualidades humanas y en ocasiones sobrenaturales.
Es el caso del Tlacuache. Este animalito participa en un sin número de mitos y cuentos tradicionales de muchas culturas mesoamericanas, principalmente mexicanas.
De nombre científico Didelphis virginiana ,la churcha, zarigüeya, cuica, tacuacin, guanchaca, guadalo, canchaluco, faras, runchos, rabipelados, Mykure, mucurra, cayopollín, llaca, o zorra mochilera, el tlacuache (del náhuatl tlacuatzin o tlácuatl que proviene del verbo “cua=comer” es un marsupial (que tiene bolsa como el canguro) de pelo corto gris (algunos presentan coloración negra) que mide de 33 a 51 centímetros y pesa aproximadamente 2.7 kilogramos. Su carita es bastante curiosita: trompita puntiaguda, orejas cortas y redondas, ojos brillantes. Sus patas son pequeñas, con pulgares oponibles y sin uñas en las patitas traseras; su cola es larga, rasposa y pelona (esa si esta fea, parece de rata) pero le es muy útil para colgarse y acarrear cosas. Su sentidos del olfato y oído están muy desarrollados debido a que es nocturno y es bastante lento y torpe cuando anda en el suelo. Su hábitat (que va desde ecosistemas tropicales hasta áridos) se extiende desde Argentina hasta los Estados Unidos, pero hay vestigios de ellos en África, Australia y la Antártica lo que lo hace prueba de que alguna vez la tierra estuvo unida en un solo continente. Al igual que el hombre, es omnívoro porque come casi de todo: ranas, culebras, lagartijas, ratones, semillas, frutas, verduras, aves (principalmente la sangre, por eso lo persiguen los granjeros), huevos, e insectos y dicen que hasta basura y carroña. Hay tlacuaches de
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