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Los carnavales de los dominicanos son de origen africanos; los llaman “Carnavales Cimarrones” y el más conocido de ellos es el de Cabral, que se celebra en Semana Santa. Comienza el Jueves Santo y es llamado de esa manera debido a que se realiza en lugares donde ocurrieron movimientos cimarrones por parte de esclavos africanos que se alzaron en busca de su propia identidad y libertad.
En Cabral, en la provincia de Barahona, durante el Carnaval Cimarrón se presentan las Cachúas (nombre dado porque tienen cachos) al final de la Semana Santa. Las Cachúas, con un mameluco coloreado y alas de murciélago, tienen una de las máscaras más hermosas del país sin pintura, en base a papel multicolor de vejiga y crepé, donde sobresale una enorme cabellera. También danzan los Platanuses y los Papeluses con sus trajes de hojas secas de plátanos y sus máscaras vegetales de higüeros, adornados indiscriminadamente de comején (termites) y panales de avispas, el carnaval de Cotuí logra una hermosa dimensión artística, cultural y antropológica, única en el país.
En Montecristi los toros son el personaje central, que se dramatiza con sus enfrentamientos con Los Civiles. Estos consisten en un verdadero duelo con fuetes (látigos), con los que se procura derribar al oponente o atemorizarlo. Los Toros se cubren el rostro cubierto con una máscara de lechón (cerdo) y usan vistosos trajes de colores, revestidos en su interior con material para protegerlos de los azotes de sus contrarios. Los Civiles en cambio, deben usar pantalones cortos y ropa normal. El ganador del encuentro es quien soporta con mayor éxito los embates del contrario o quien consigue derribar a su oponente.
San Pedro Macoris se caracteriza por la presencia de los Guloyas, declarados Patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Diablos vestidos con trajes de llamativos colores, adornados
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